Aprendizaje Infinito
Preguntando a los clásicos
Sobre la técnica, con Ortega y Gasset | Preguntando a los clásicos #22
Vista previa
0:00
-5:37

Sobre la técnica, con Ortega y Gasset | Preguntando a los clásicos #22

Inventar la vida

«Uno de los mayores temas que en los próximos años se va a debatir con mayor brío es el del sentido, ventajas, daños y límites de la técnica». – Meditación de la técnica (1933)

Aunque no vivió la explosión de la inteligencia artificial, Ortega anticipó los dilemas tecnológicos de nuestro tiempo. Mientras todo el mundo dirige su atención al último avance, en Preguntando a los Clásicos nos detenemos para reflexionar sobre la técnica y su dirección, a través de las ideas de una de las grandes mentes españolas.


La técnica nos hace humanos. Los instintos del animal solo le empujan a adaptarse a la naturaleza. Los seres humanos creamos para que la naturaleza se adapte a nosotros. Nos separa de las bestias el esfuerzo que no dirigimos directamente a la supervivencia, la energía que destinamos a inventar artefactos.

La técnica es reformar las circunstancias que nos rodean. Reformamos el mundo porque no nos conformamos con vivir, queremos una buena vida. La técnica produce lo superfluo, ahorra esfuerzo y crea lo que nos acerca al bienestar; un bienestar en constante redefinición.

Breve historia de la técnica

La técnica ha pasado por tres fases.

La primera fase fue el azar, una época de ignorancia técnica en la que las pocas innovaciones eran fruto de la suerte.

La segunda fase fue la artesanía, una etapa con más innovaciones técnicas en la que lo importante seguía siendo lo natural. En esta fase, los artesanos se especializaban para dominar una rama de la técnica. El aprendizaje se producía bajo una estrecha relación maestro-aprendiz, preservando la tradición y mirando siempre a la sabiduría del pasado, pasando por alto las posibilidades del futuro.

La tercera y última fase es la técnica. Son tantos los avances que nos hicimos conscientes de las infinitas posibilidades, desde viajar a la Luna, hasta resucitar al mamut lanudo, pasando por conectar el cerebro a un ordenador.

Condena y oportunidad

Los artefactos técnicos nos liberan de las imposiciones naturales. Surgen preguntas incómodas: ¿a dónde va a parar el esfuerzo ahorrado? ¿Qué hacemos con el tiempo liberado? ¿Qué pasará cuando nuestros propios inventos puedan hacerlo todo por nosotros? El avance técnico es la condena y la oportunidad de inventar nuestra propia vida.

La vida no nos viene dada. La vida es un quehacer. Para ser, hay que actuar. El ser técnico –el ser humano– se esfuerza en crear lo que todavía no existe. Eso es vivir. Crear. Inventar.

Inventar para satisfacer las necesidades. Necesidades que también inventamos sobre la marcha e invenciones que terminan cumpliendo otras funciones para las que no fueron creadas. Solo hay que ver el teléfono móvil, que nació para comunicarnos a distancia y se ha convertido en un catálogo infinito de entretenimiento.

El perfeccionamiento constante de la técnica, al desbloquear posibilidades antes inimaginables, trae consigo el vacío. Escribe Ortega:

«…la técnica, al aparecer por un lado como capacidad, en principio ilimitada, hace que al hombre, puesto a vivir de fe en la técnica y sólo en ella, se le vacíe la vida. Porque ser técnico y solo técnico es poder serlo todo y consecuentemente no ser nada determinado. De puro llena de posibilidades, la técnica es mera forma hueca –como la lógica más formalista–; es incapaz de determinar el contenido de la vida. Por eso estos años en que vivimos, los más intensamente técnicos que ha habido en la historia humana, son de los más vacíos».

Y no es el único peligro. Porque cuanto más nos rodea la técnica, más oculta la naturaleza que hay debajo. El reto no es solo la falta de sentido, sino olvidar nuestro origen y eliminar lo que nos hizo humanos.

¿Quién quieres llegar a ser?

Esta publicación es para suscriptores de pago.