La venganza de Ulises
El final de la Odisea
La Odisea tiene tres temas principales: el paso de la niñez a la adultez, las aventuras de regreso de un hombre con propósito y la venganza. Este último es el más olvidado, aunque Homero le dedica casi la mitad del poema.
El héroe regresa a Ítaca después de veinte años. Salió con más de mil hombres y vuelve solo. Su hijo está fuera de casa, su mujer se ha quedado sin ideas para distraer a los pretendientes y su casa se ha llenado de enemigos. Ulises piensa en el mejor modo de vengarse.
Para que nadie le reconozca, Atenea cubre su cuerpo de arrugas, le hace perder su pelo rubio, llena de legañas sus bellos ojos y le viste con prendas repugnantes. Con aspecto de mendigo irá Ulises a ver al porquero Eumeo. Mientras, Atenea viaja a Esparta para avisar a Telémaco de la vuelta de su padre.
A pesar de no reconocerle y de sus desagradables pintas, Eumeo recibe a Ulises con hospitalidad. Mientras comen al calor del fuego, el porquero le cuenta a su invitado su desgraciada situación: desde hace tres años sacrifica cada día los mejores cerdos para los pretendientes, que los devoran sin vergüenza, mientras él echa de menos a su amo. Ulises, todavía disfrazado, le cuenta una de sus trolas y le jura que su amo volverá pronto. Pero Eumeo está cansado de falsas promesas y cree estar ante otro simple mendigo dispuesto a decir cualquier cosa por un poco de comida.
Mientras, en Esparta, el rey le propone al joven Telémaco quedarse unos días. Allí podrá degustar manjares, además de obtener regalos y reconocimiento. Si me preguntan, mucho mejor que el desprecio de los pretendientes que está recibiendo en Ítaca. Telémaco rechaza la propuesta porque es el hijo de Ulises, y eso trae consigo unos deberes que cumplir. Vuelve a Ítaca convertido en hombre y, aconsejado por la diosa Atenea, va directo a la cabaña del porquero.
Al llegar, Telémaco come con Eumeo y el supuesto forastero, y manda al porquero a informar a su madre de su llegada. Aprovechando el momento, Atenea devuelve a Ulises su aspecto para que le cuente a Telémaco la verdad. Lloran padre e hijo, que después de veinte años han conseguido reencontrarse, y empiezan a trazar un plan para vengarse de los más de cien pretendientes. Así lo cuenta Ulises:
«... vuelve a casa mañana temprano y ve con los pretendientes como antes. Luego el porquero me llevará a la ciudad disfrazado de mendigo viejo y mísero. Si ves que me maltratan, ten ánimo ante mi sufrimiento. Incluso si me sacan a rastras de la casa o me arrojan cosas, quédate mirando y limítate a intentar que se comporten de forma más razonable, pero no te escucharán, pues el día en que habrán de saldar cuentas se acerca. Otra cosa te digo, y tenlo bien presente: cuando Atenea me lo indique, te haré una señal con la cabeza; al verla, debes coger todas las armas que haya en la casa y esconderlas. Invéntate una excusa para cuando los pretendientes te pregunten por qué te las llevas; diles que quieres protegerlas del humo, pues ya no están como cuando se fue Ulises, sino que se han ensuciado de hollín.
[...]
Hay una cosa más. Si eres mi hijo y mi sangre corre por tus venas, no le cuentes a nadie que Ulises está en la casa: ni a Laertes, ni al porquero, ni a ninguno de los sirvientes, ni siquiera a la propia Penélope. También comprobaremos de parte de quién están las mujeres y los criados».
Después de trazar el plan, toca ponerlo en práctica.
Todavía disfrazado de mendigo, Ulises entra en su propia casa. Aconsejado de nuevo por Atenea, mendiga trozos de pan a cada uno de los pretendientes para ver qué clase de personas son. La mayoría le da comida, respetando la hospitalidad griega, aunque uno le tira un taburete al cuerpo. Telémaco, siguiendo el plan de su padre, aguanta su furia.
Al enterarse de la llegada de un forastero, Penélope lo hace llamar a sus aposentos para preguntarle sobre su esposo. Ulises prefiere que el encuentro sea por la noche. Antes del reencuentro, las sirvientas y otro de los pretendientes le tratan con desprecio. Ya de noche, Penélope hace llamar al forastero, que le cuenta historias falsas pero creíbles y aguanta las lágrimas mientras ve a su mujer llorar. Cuando la mayor de las sirvientas, por orden de Penélope, lava los pies al forastero, descubre en la pierna una cicatriz que delata al héroe. Euriclea, así se llama la anciana que crió a Ulises, guarda el secreto.
Al acostarse, a Ulises le asaltan las dudas. ¿Cómo podrá matar solo a todos los malvados pretendientes? ¿Adónde escapar de los que querrán vengarlos? Atenea le tranquiliza. Aconsejado y protegido por la sabiduría, no hay nada que temer.
Al día siguiente, los pretendientes celebran un nuevo banquete. Penélope propone que prueben su habilidad con el arco y las hachas. Quien sea capaz, como lo era Ulises, de tensar el arco y atravesar las doce hachas con una flecha se convertirá en su nuevo esposo. Mientras los pretendientes intentan tensar el arco sin éxito, Ulises le desvela su verdadera identidad al porquero y al vaquero, dos de las pocas personas que todavía le muestran lealtad. Con ellos termina de atar los últimos cabos sueltos del plan. Cierran todas las puertas y llevan el arco a Ulises, que lo tensa sin dificultad y hace pasar la flecha por el orificio del mango de las doce hachas. Justo después, el héroe se quita los harapos, desvela a todos su identidad y empieza a disparar flechas contra los pretendientes. Con la ayuda de su hijo, el porquero y el vaquero, Ulises termina con la vida de todos ellos. A las sirvientas que no habían respetado a Telémaco ni a Penélope y se habían acostado con los pretendientes, las ahorcan.
Tras la victoria, Ulises desvela su verdadera identidad a Penélope. Una parte del pueblo de Ítaca querrá vengar la muerte de sus familiares y amigos. La diosa de la sabiduría impedirá la escalada, sellando un pacto de paz bajo el que Ulises gobernará de nuevo Ítaca, después de veinte años de guerra y aventuras.
Sergio-.
Aprendizaje Infinito se va de vacaciones. Este es el último texto en abierto hasta la vuelta del verano. Cerraremos la temporada con las ideas de un libro fascinante y una conversación muy especial.
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