Las aventuras de Ulises (II)
La segunda parte del regreso a casa de un hombre astuto y con propósito
Después de los cícones, los lotófagos, el cíclope Polifemo, los lestrigones y la diosa Circe, Ulises continuó su viaje de regreso.
Siguiendo las instrucciones de Circe, despertó a las almas de los muertos. Pronto apareció Tiresias, quien, después de beber sangre de una de las ovejas sacrificadas, compartió con Ulises su profecía:
« — Quieres saber –dijo– de tu regreso a casa, pero el cielo te lo va a poner difícil. No creo que escapes a la mirada de Poseidón, que todavía sigue muy enojado contigo por haber cegado a su hijo (Polifemo). Aun así, después de muchos sufrimientos, podéis llegar a casa si sabéis conteneros tú y tus compañeros cuando vuestra nave llegue a la isla de Trinacia, donde encontraréis las ovejas y las vacas de Helios, que lo ve y lo oye todo. Si dejáis esos rebaños indemnes y pensáis solo en regresar a casa, podréis, después de muchas penalidades, llegar a Ítaca; pero, si les hacéis daño, predigo la destrucción de tu nave y la de tus hombres. Aunque tú puedas escapar, volverás muy quebrantado después de perder a todos tus hombres en la nave de otro y encontrarás dificultades en tu casa, que estará invadida por hombres despóticos que devoran tu hacienda con el pretexto de cortejar y hacer regalos a tu mujer».
Después de escuchar su futuro, Ulises habló con su difunta madre, con Agamenón, con Hércules, con Áyax y con Aquiles. Este último confesó su arrepentimiento:
«— No digas una sola palabra a favor de la muerte –respondió–; preferiría ser un criado en casa de un hombre pobre y estar en la tierra que reinar entre los muertos».
Volvieron a la isla de Eea, donde la diosa Circe compartió algunos consejos para los tres siguientes retos del viaje.
Nuevas aventuras de regreso
Primero llegaron al territorio de las sirenas, criaturas cuyo dulce canto llevaba a los marineros al fondo del mar. El héroe siguió los consejos de la diosa: hizo que le ataran de pies y manos al mástil, tapó los oídos de sus hombres con cera y ordenó que le ataran con más fuerza si pedía que le soltaran.
Después llegaron al peligroso estrecho. A un lado se encontraba Escila. Al otro, Caribdis. Escila tenía seis cabezas y con cada una devoraría a uno de sus hombres. Caribdis sorbía y vomitaba las aguas tres veces al día, y hundiría la embarcación entera. Siguiendo el consejo de Circe, eligió la opción menos mala y pasó cerca de Escila. Murieron seis de sus hombres, pero no terminaron todos en el fondo del mar.
Tras superar el estrecho, Ulises intentó convencer a su tripulación para evitar la isla de Helios. Sus hombres, cansados del viaje y viendo que el cielo parecía anticipar una tormenta, eligieron quedarse. El capitán cedió, haciéndoles jurar que no matarían a ninguna de las ovejas ni de las vacas de Helios. Durante un mes siguió soplando viento en dirección opuesta y los alimentos se terminaron. La hambrienta tripulación, aprovechando que el capitán estaba rezando a los dioses, incumplió su promesa y sacrificó los mejores animales de Helios. Cuando Ulises volvió, ya era demasiado tarde.
Pasaron otros seis días, en los que la tripulación siguió celebrando banquetes. Al séptimo, el viento amainó y todos zarparon de vuelta a Ítaca. No tardó Zeus en golpear con un rayo la nave y, menos Ulises, todos murieron ahogados. El héroe pasó nueve días más en el mar y al décimo llegó a la isla Ogigia. Allí pasó siete años cautivo, después de los cuales contó estas aventuras de regreso al rey de los feacios.
Ulises partió de Ítaca con doce naves, se cree que con unos ciento veinte hombres cada una. Se estima que unos quinientos murieron en la guerra. Unos setenta murieron en Ismaro, por el contraataque de los cícones. Seis fueron devorados por el cíclope Polifemo. Unos ochocientos fueron asesinados por los lestrigones. Seis, devorados por Escila. Y de los que quedaban, todos menos Ulises murieron como castigo por sacrificar el ganado de Helios. El héroe partió con cerca de mil quinientos hombres y, después de veinte años, volvió solo a casa.
I.
El adivino Tiresias adelantó los retos. La diosa Circe compartió sus consejos para superarlos. Pero saber cómo recorrer el camino es muy distinto a recorrerlo.
II.
Aquiles prefirió una muerte temprana con gloria imperecedera a una vida larga y anónima con sus seres queridos. Se arrepiente de su decisión. A pesar de haber alcanzado la gloria, se dio cuenta, demasiado tarde, de que no compensa sacrificar la vida.
III.
El canto XII de la Odisea te ahorra muchos libros de autoayuda. Ulises se ató al mástil y los tripulantes se pusieron cera en los oídos. La psicología conductual valida la estrategia. Si hay consecuencias negativas e intuyes que puedes caer, átate al mástil para hacerlo imposible o ponte cera en los oídos para hacerlo invisible.
IV.
Hay decisiones en la vida que se parecen al estrecho entre Caribdis y Escila. Tus decisiones pasadas te llevan a encrucijadas en las que ninguna de las dos opciones tiene consecuencias deseables. En esos casos, como hizo Ulises, conviene tomar el camino menos malo. Mejor pagar un peaje que terminar el viaje.
V.
Lo que ocurrió en la isla de Helios es otro recordatorio de que la voluntad humana es frágil. La tripulación de Ulises había sobrevivido a la guerra de Troya, a los cícones, a los lotófagos, al cíclope Polifemo, a los lestrigones, a la diosa Circe, a las sirenas y a Escila. Pero hasta los mejores caen en el contexto equivocado. Los hombres de Ulises se rindieron al hambre, incumplieron su juramento y murieron en el fondo del mar.
Sergio-.
En dos semanas terminamos con la última entrega de esta breve serie en la que comparto las enseñanzas de ese libro, pilar de Occidente, que es la Odisea.
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