La mente amplificada
Una visión optimista de la simbiosis con las máquinas
Las máquinas superarán a los humanos en la mayoría de funciones. Hasta llegar allí, los avances serán realizados por asociaciones entre humanos y máquinas. «Esos años deberían ser intelectualmente los más creativos y emocionantes en la historia de la humanidad». Estamos viviendo esos años.
Estas ideas aparecen en un artículo escrito en 1960 por el psicólogo convertido a informático Joseph Carl Robnett Licklider. La idea de que humanos y máquinas pensaran juntos todavía se consideraba ciencia ficción. Licklider anticipó ese futuro y ayudó a crearlo.
Después de dar clase en el MIT y trabajar en un laboratorio informático, fue nombrado director de la Oficina de Técnicas de Procesamiento de Información (IPTO en inglés), una agencia de investigación del Departamento de Defensa de Estados Unidos. Durante esos años, Licklider envió un memo describiendo los problemas de conectar ordenadores entre sí en una red. En esas líneas se encontraba el germen de ARPANET, que luego evolucionaría en Internet. También financió a Douglas Engelbart y la creación del Augmentation Research Center donde se inventaron el ratón, el hipertexto, la videoconferencia y la edición colaborativa de documentos.
Licklider se dio cuenta de que el 85% de su tiempo dedicado a «pensar» lo pasaba haciendo actividades mecánicas como buscar información, hacer cálculos o trazar gráficas. Recuenco lo llama hojarasca intelectual. Sucede porque el criterio para pensar no es lo intelectualmente importante sino lo administrativamente posible. ¿Y si las máquinas consiguen liberarnos de la carga administrativa para poder dedicar nuestro tiempo a pensar de verdad? Aquí es donde entra la idea de la simbiosis humano-máquina.
La simbiosis (del griego: σύν, syn, juntos y βίωσις, biosis, vivir) es un concepto de la biología que se refiere a la asociación íntima entre dos especies. Si profundizamos en el concepto, en la naturaleza se dan tres tipos de simbiosis. (1) El mutualismo, donde ambas partes se benefician. (2) El comensalismo, donde una parte se beneficia mientras que la otra es indiferente. Y (3) el parasitismo, donde una parte se beneficia y la otra empeora. Aunque en esta reflexión no entraremos en si las máquinas tienen conciencia, vida o intenciones, sí utilizaremos los diferentes tipos de simbiosis que hay en la naturaleza para pensar en el tipo de relación que creamos con la máquina.
La inteligencia artificial puede ser parásito. La máquina te da respuestas, tú las aceptas ciegamente y tu capacidad de pensar empeora. Aquí es donde entra ese concepto de deuda cognitiva que veíamos hace dos semanas: terminas con respuestas que ni sabes por qué son las que son y tus capacidades cognitivas se atrofian. El parásito te debilita.
La inteligencia artificial puede ser rémora. La máquina ahora hace cosas que antes no hacías, como transcribir las reuniones, decorar las presentaciones o escribir textos. Ahora pasas más tiempo interactuando con ella pero ni tus resultados profesionales ni tu vida mejoran. La rémora te distrae.
La inteligencia artificial puede ser cooperador. Este es el tipo de relación que se imaginaba Licklider en su artículo. La máquina se encarga de las operaciones rutinarias y administrativas como buscar información, hacer cálculos o trazar gráficas. Los humanos nos quedamos con las actividades formulativas, como encontrar preguntas, lanzar hipótesis o elegir problemas; y con las actividades orientadoras como guiar el proceso o juzgar los resultados. El cooperador te amplifica.
La simbiosis humano-máquina se centra en la unión entre partes. ¿Y si pensamos en la máquina y el humano como un ecosistema?
¿Dónde termina la mente y empieza el mundo? Los procesos cognitivos ocurren también fuera de la piel, como cuando usábamos papel y boli en el colegio para hacer una multiplicación larga o cuando leemos un texto que nos hace reflexionar. Para explicar esta teoría de la mente extendida, Chalmers y Clark recurren a un paciente hipotético.
Otto tiene Alzheimer y utiliza un cuaderno en el que apunta para recordar. Ese cuaderno juega un rol muy parecido al de la memoria biológica en una persona sana. Cuatro son los criterios que cumple el cuaderno de Otto y que debería cumplir cualquier herramienta que extienda la mente: (1) ser constante, (2) que la información esté disponible, (3) que aceptemos automáticamente la información que nos proporciona y (4) que en algún momento del pasado hayamos aprobado esa información. En el caso de Otto se cumplen los cuatro: (1) siempre lleva el cuaderno consigo, (2) la información está entre sus páginas, (3) acepta la información sin darle vueltas y (4) en algún momento pasado dejó por escrito la información.
¿Qué pasa con los LLMs?
Los LLMs generan información. Por eso, pensadores como el filósofo David Matta proponen hablar de mente amplificada en lugar de mente extendida, porque estas nuevas máquinas amplifican la capacidad generativa de la mente (salvo si las usas como un buscador y lanzas preguntas como cuál es la capital de España). El cambio respecto a la mente extendida es enorme. El producto de la interacción con estas máquinas es genuinamente nuevo. El humano dirige, selecciona e interpreta, no solo acepta. Y la interacción no solo transforma el resultado sino el proceso de pensar.
Cuando Otto busca información en su cuaderno, tiene claro lo que busca y lo que va a encontrar. En cambio, cuando interactuamos con un LLM aparece un campo infinito de posibilidades. La habilidad crucial de un pensador extendido, como Otto, es la recuperación (saber dónde está cada nota para poder rescatarla cuando la necesitas). La habilidad crucial del pensador ampliado es hacer buenas preguntas y navegar entre las respuestas de la máquina.
Las posibilidades son enormes. La inteligencia artificial puede ser un cooperador que no solo extienda, sino que amplifique nuestra mente. Aunque también puede ser un parásito que nos debilite o una rémora que nos distraiga. Depende de cómo la usemos.
Sergio-.
Para profundizar:
Licklider – Man-Computer Symbiosis (1960)
Clark & Chalmers – The Extended Mind (1998)
Matta – From Extended to Amplified: The Generative Mind in the Age of LLMs (2026)
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