Discusión sobre este post

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Avatar de Pedro Olazabal Herrero

Mucho de lo que apuntas forman parte de los incentivos perversos en las formaciones a empresas. El formador/consultor quiere que le vuelvan a contratar y, para eso, las personas tienen que salir contentas.

Y por tanto, fomenta el engagement con dinámicas, gamificacion y otras técnicas que no siempre están al servicio de aprender. Si no al servicio de salir contento: pasarlo bien y aprendizaje ilusorio.

Así que yo ahora ya le digo siempre lo mismo a mi cliente: ¿Qué quieres, que aprendan o que salgan contentos?

Sé que no es una dicotomía, pero esa pregunta provocadora me ayuda a entender cuáles son las razones y preferencias de mi interlocutor. Y a partir de ahí, diseño la formación.

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Añadiría una capa más: el cerebro está diseñado para confundir fluidez con aprendizaje. Cuando algo se percibe como fácil, familiar, el sistema dopaminérgico nos da una falsa señal de progreso, y eso refuerza prácticas ineficaces. Distinguir entre sensación de avance y cambio estructural en la memoria es probablemente, una de las competencias más infravaloradas.

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