Mucho de lo que apuntas forman parte de los incentivos perversos en las formaciones a empresas. El formador/consultor quiere que le vuelvan a contratar y, para eso, las personas tienen que salir contentas.
Y por tanto, fomenta el engagement con dinámicas, gamificacion y otras técnicas que no siempre están al servicio de aprender. Si no al servicio de salir contento: pasarlo bien y aprendizaje ilusorio.
Así que yo ahora ya le digo siempre lo mismo a mi cliente: ¿Qué quieres, que aprendan o que salgan contentos?
Sé que no es una dicotomía, pero esa pregunta provocadora me ayuda a entender cuáles son las razones y preferencias de mi interlocutor. Y a partir de ahí, diseño la formación.
Son dos objetivos que no siempre van de la mano y, por desgracia, en la formación a empresas prima el pasarlo bien. Yo lo aprendí por las malas, después de un año y medio trabajando en una consultora diseñando experiencias para empresas.
Añadiría una capa más: el cerebro está diseñado para confundir fluidez con aprendizaje. Cuando algo se percibe como fácil, familiar, el sistema dopaminérgico nos da una falsa señal de progreso, y eso refuerza prácticas ineficaces. Distinguir entre sensación de avance y cambio estructural en la memoria es probablemente, una de las competencias más infravaloradas.
Sin duda confundir fluidez con aprendizaje es una constante. Para mi es una mezcla entre la ilusión del engagement y la del atajo. Y sí, saber diferenciar la sensación de avance del verdadero avance es una habilidad importantísima.
Muy bueno Sergio, me hizo reflexionar la idea del tutor efectivo. Muchas veces uno pone pruebas a sus estudiantes o a la propia gente que trabaja con uno y se olvida en el modo en que ellos están (aprendiz). Esperamos que sean "expertos" cuando no tienen la experiencia para estar cerca de eso, sin duda uno no lo hacés de malo que es, lo hacés esperando muchas veces que vinculen mejor lo que hacen con la realidad (darle un sentido) pero la mayoría de las veces es imposible que ocurra. Uno anda en las charlas hablando de no reinventar la rueda y muchas veces termina uno cayendo en ese error... Fuerte abrazo
Reinventar la rueda siempre después de dominar los principios. Todos estamos en esa batalla porque siempre hay nuevos objetos brillantes que nos desvían de los fundamentos. Abrazo fuerte de vuelta, Santi.
Anduve por ahí después de hacer el camino de Santiago en noviembre pero pocos días y aproveché a comprar tu libro en Madrid. Espero volver a ir pronto, prometo avisar con más tiempo para tomarnos un café. Un abrazo
Mucho de lo que apuntas forman parte de los incentivos perversos en las formaciones a empresas. El formador/consultor quiere que le vuelvan a contratar y, para eso, las personas tienen que salir contentas.
Y por tanto, fomenta el engagement con dinámicas, gamificacion y otras técnicas que no siempre están al servicio de aprender. Si no al servicio de salir contento: pasarlo bien y aprendizaje ilusorio.
Así que yo ahora ya le digo siempre lo mismo a mi cliente: ¿Qué quieres, que aprendan o que salgan contentos?
Sé que no es una dicotomía, pero esa pregunta provocadora me ayuda a entender cuáles son las razones y preferencias de mi interlocutor. Y a partir de ahí, diseño la formación.
Son dos objetivos que no siempre van de la mano y, por desgracia, en la formación a empresas prima el pasarlo bien. Yo lo aprendí por las malas, después de un año y medio trabajando en una consultora diseñando experiencias para empresas.
Añadiría una capa más: el cerebro está diseñado para confundir fluidez con aprendizaje. Cuando algo se percibe como fácil, familiar, el sistema dopaminérgico nos da una falsa señal de progreso, y eso refuerza prácticas ineficaces. Distinguir entre sensación de avance y cambio estructural en la memoria es probablemente, una de las competencias más infravaloradas.
Sin duda confundir fluidez con aprendizaje es una constante. Para mi es una mezcla entre la ilusión del engagement y la del atajo. Y sí, saber diferenciar la sensación de avance del verdadero avance es una habilidad importantísima.
Muy bueno Sergio, me hizo reflexionar la idea del tutor efectivo. Muchas veces uno pone pruebas a sus estudiantes o a la propia gente que trabaja con uno y se olvida en el modo en que ellos están (aprendiz). Esperamos que sean "expertos" cuando no tienen la experiencia para estar cerca de eso, sin duda uno no lo hacés de malo que es, lo hacés esperando muchas veces que vinculen mejor lo que hacen con la realidad (darle un sentido) pero la mayoría de las veces es imposible que ocurra. Uno anda en las charlas hablando de no reinventar la rueda y muchas veces termina uno cayendo en ese error... Fuerte abrazo
Reinventar la rueda siempre después de dominar los principios. Todos estamos en esa batalla porque siempre hay nuevos objetos brillantes que nos desvían de los fundamentos. Abrazo fuerte de vuelta, Santi.
Ya vino Lucas por Madrid. El siguiente eres tú :)
Anduve por ahí después de hacer el camino de Santiago en noviembre pero pocos días y aproveché a comprar tu libro en Madrid. Espero volver a ir pronto, prometo avisar con más tiempo para tomarnos un café. Un abrazo
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