8 engaños que te impiden aprender
ilusiones instruccionales | ¿Qué ingredientes hacen de la tutorización la mejor forma de aprender? (III)
«Lo peligroso no es no saber. Lo peligroso es estar convencido de algo que no es verdad». – atribuida a Mark Twain
Las ilusiones son apariencia sin sustancia. Esta tercera entrega de la serie va de tomarse en serio lo que parece que funciona. Porque si hay algo peor que no aprender, es creer que has aprendido cuando no lo has hecho.
La idea más importante para mejorar la educación, el aprendizaje y puede que la vida, es el coste de oportunidad. Cada segundo que dedicas a «algo» no se lo puedes dedicar a «otro algo». Haces una cosa y renuncias a las demás.
Solo distinguiendo lo que funciona de lo que no, puedes dedicar tus limitados recursos a lo primero. Las ilusiones instruccionales son lo segundo y para no caer en su engaño necesitas conocerlas.
La ilusión de engagement
Las actividades en las que el aprendiz participa y se involucra tienden a repetirse. El problema es que el disfrute de la actividad (el engagement emocional) se confunde con el procesamiento profundo de información que crea aprendizajes duraderos (el engagement cognitivo). Aprender no siempre sienta bien.
El tutor efectivo no crea el aula más estimulante, diseña la instrucción para que los aprendices se esfuercen cognitivamente para interiorizar las ideas.
La ilusión de competencia
Por un lado, la competencia del experto le impide ver las perspectivas de los que menos saben. Por otro, la incompetencia del novato le impide reconocer su ignorancia y le empuja a creer que tiene toda la información que necesita. Ambos confunden su conocimiento subjetivo con la realidad objetiva. La diferencia no es solo cuantitativa: el experto sabe más que el novato; la diferencia es cualitativa: el experto tiene redes de conocimiento mucho más densas y ricas que le hacen ver el mundo de otra forma.
El tutor efectivo no es el que más sabe, es el que recorre los contenidos con la mirada del principiante sin dar por hecho los fundamentos. Porque pensar que se ha enseñado no implica que el alumno haya aprendido.
La ilusión de transferencia
Practicamos en contexto, aprendemos en contexto. Transferir es aplicar lo aprendido en una situación nueva, crear un puente entre el contexto de instrucción y la aplicación al mundo real. La ilusión está en creer que ese puente se construye solo.
En el capítulo 6 del libro Aprendizaje infinito propuse evitar el problema de transferencia practicando directamente lo que quieres aprender. Hablar inglés y dejar de subir niveles en Duolingo.
El tutor efectivo sabe que hay habilidades que necesitamos aunque todavía no sabemos dónde. Al instruir, cambia la superficie manteniendo el fondo; es decir, enseña los mismos conceptos con diferentes ejemplos, narrativas y contextos de aplicación. Así el aprendiz desarrolla un conocimiento flexible y transferible.
La ilusión del atajo
No podemos aprender sin esfuerzo. Antes de ser fácil, será difícil. Si practicas lo que ya puedes hacer, acumularás experiencia. Si practicas lo que todavía no sabes, ganarás maestría. Aprender exige empujar los límites de lo que puedes hacer, elegir el camino difícil.
No cualquier dificultad mejora el aprendizaje. No necesitas pegarte cabezazos hasta quedarte con la mitad de las neuronas. Las dificultades deseables son retos que empeoran el desempeño a corto plazo pero que posibilitan aprendizajes profundos y duraderos en el largo. Como dicen los Bjorks: «hacerlo difícil pero en el buen sentido».
El tutor efectivo varía y espacia la práctica, cambia el contexto y pone a prueba los conocimientos del aprendiz. Además, enseña que aprender despacio y con esfuerzo tiene recompensas que quien toma el atajo nunca alcanzará.
La ilusión de la motivación
Juan Fernández ya desmontó esta ilusión en el podcast: aunque pensamos que la motivación viene antes del logro, suele venir después. Los pequeños éxitos impulsan la participación, algo que aplican muy bien los creadores de videojuegos.

El tutor efectivo empieza ayudando a sus aprendices a tener éxito. Porque los pequeños logros generan motivación. Porque los pequeños logros mejoran la autoeficacia, la sensación de control y la confianza del aprendiz. Y porque los pequeños logros mantienen vivo el deseo de seguir aprendiendo.
La ilusión del descubrimiento
Aprender descubriendo es una idea tan intuitiva como falsa. Sí, aprendemos a hablar y a movernos por prueba y error. Pero no, no aprendemos así a leer, a escribir o las ideas de Platón. Para aprender estas habilidades y conocimiento, que David Geary llama biológicamente secundario, lo mejor es la instrucción guiada.
Esta ilusión se basa en un error categórico: confundir cómo los expertos crean conocimiento nuevo con cómo los novatos adquieren conocimiento existente. Los expertos salen ahí afuera para descubrir lo desconocido y, a diferencia del aprendiz, cuentan con los fundamentos para explorar con criterio.
El tutor efectivo guía al aprendiz para que no pierda valiosos recursos reinventando la rueda ni se pierda entre las infinitas posibilidades.
La ilusión del desempeño
Ser capaz de vomitar con precisión las respuestas en un examen no refleja la riqueza del aprendizaje. La retención duradera, la capacidad de conectar ideas y de aplicarlas en nuevos contextos tienen un gran componente subjetivo y son difíciles de medir. En cambio, el desempeño es fácil de capturar en una métrica. El sistema termina enseñando para el examen porque es el camino con menor fricción.
El tutor efectivo prioriza estrategias generativas (explicarse a uno mismo, enseñar a otros, ponerse a prueba) que obligan al aprendiz a entender las ideas y no solo a recitarlas para aprobar el examen.
La ilusión de la innovación
Lo nuevo no siempre es mejor. Las nuevas tecnologías nos hacen más eficientes y la eficiencia no siempre es la respuesta. Aplicado al aprendizaje, acelerar el proceso de generación de ideas a costa de delegarlo en la máquina es contraproducente. Porque sin esfuerzo cognitivo no hay cambio duradero en tus conocimientos.
El tutor efectivo se pregunta, antes de incorporar cualquier cambio, si de verdad es necesario. Porque los principios, no las novedades, son lo importante.
Sergio-.
Las ilusiones nos engañan enmascarando la realidad.
Al conocerlas, las despojamos de su poder.
Si quieres profundizar, estas ocho y otras dos ilusiones están recogidas en el librito Instructional Illusions de Paul Kirschner, Carl Hendrick y Jim Heal
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Ediciones anteriores de esta serie:





Mucho de lo que apuntas forman parte de los incentivos perversos en las formaciones a empresas. El formador/consultor quiere que le vuelvan a contratar y, para eso, las personas tienen que salir contentas.
Y por tanto, fomenta el engagement con dinámicas, gamificacion y otras técnicas que no siempre están al servicio de aprender. Si no al servicio de salir contento: pasarlo bien y aprendizaje ilusorio.
Así que yo ahora ya le digo siempre lo mismo a mi cliente: ¿Qué quieres, que aprendan o que salgan contentos?
Sé que no es una dicotomía, pero esa pregunta provocadora me ayuda a entender cuáles son las razones y preferencias de mi interlocutor. Y a partir de ahí, diseño la formación.
Añadiría una capa más: el cerebro está diseñado para confundir fluidez con aprendizaje. Cuando algo se percibe como fácil, familiar, el sistema dopaminérgico nos da una falsa señal de progreso, y eso refuerza prácticas ineficaces. Distinguir entre sensación de avance y cambio estructural en la memoria es probablemente, una de las competencias más infravaloradas.