El viaje de Telémaco
En busca de un camino propio
Aprovechando la ausencia de Ulises, algunos intentan casarse con Penélope para aumentar su estatus y convertirse en futuros reyes de Ítaca. Estos pretendientes malgastan en banquetes lo que no les pertenece. Telémaco tiene veinte años, los mismos que su padre lleva fuera de casa. Las circunstancias le obligan a dar un paso al frente.
El joven convoca una asamblea y expone las injusticias cometidas contra su familia. Los pretendientes le menosprecian: «Los dioses parecen haberte enseñado a hablar y fanfarronear, quiera Zeus que nunca llegues a ser el rey de Ítaca como lo fue tu padre». Aconsejado por la diosa de la sabiduría, Telémaco viaja a Pilos y Esparta. El niño debe recorrer su propio camino para convertirse en hombre.
No sabemos qué aprendió Telémaco antes de navegar a Pilos. Podemos deducir cómo lo aprendió: en una estrecha relación con un experimentado amigo de Ulises, Méntor, que fue durante todos esos años el consejero del joven. Para los griegos, la paideía era el proceso formativo de los niños. Saber ser y saber hacer. Carácter y técnica. Virtud y criterio. Cultivar el cuerpo y cultivar el alma. Una formación para hombres libres y eternos aspirantes a la excelencia. Gimnasia, geometría, gramática, retórica, matemáticas, filosofía... conocerse a uno mismo y al mundo que le rodea no es un juego de una sola disciplina.
Telémaco podría haberse quedado en Ítaca pero las circunstancias en las que le tocó vivir (unas circunstancias que, como todos, no eligió) le obligaron a cambiar de rumbo. Para saber si su padre estaba vivo, necesitaba salir de la isla. Solo emprendiendo el viaje puede uno descubrir quién puede llegar a ser.
Cuando el joven llega a Pilos, no sabe qué preguntar ni cómo hablar al rey. Tiene a su lado a Atenea, pero es él quien debe dar el salto de fe y hacerlo por primera vez. Allí, el rey Néstor le aconseja viajar a Esparta para preguntar a Menelao, que vivió la guerra junto a Ulises.
Después de ocho largos años, el rey de Esparta consiguió regresar a su hogar con la mujer por la que se desató la guerra. Menelao le cuenta a Telémaco que Ulises estuvo cautivo en la mansión de la ninfa Calipso. El rey le propone al joven quedarse unos días más para visitar algunas ciudades del Peloponeso. En Esparta podrá degustar manjares y obtener regalos y reconocimiento, en lugar del desprecio de los pretendientes que recibe en Ítaca. Pero Telémaco rechaza la propuesta porque abraza quién es: el hijo de Ulises. Y ser quien uno es trae consigo unos deberes que cumplir.
El niño volverá a Ítaca, convertido en hombre.
Quizás todavía seas un niño, quizás todavía necesites emprender tu propio viaje como Telémaco. Seguramente no tengas muy claro adónde. La tentación tiene múltiples formas, como compararse con el viaje de otros o elegir el camino más cómodo para evitar los riesgos y dificultades. El gran peligro es recorrer un camino que no te pertenece, elegir un viaje que te aleje de quien eres. Es jugar a un juego en el que no puedes ganar. ¡Qué digo!, es todavía peor. Es jugar a un juego en el que el premio final no merece la pena y la partida ni siquiera es divertida.
Solo puedo decirte que no eres el único. Que hay más gente ahí fuera buscando su juego. Quizás no hay una respuesta correcta. Quizás el juego es la propia búsqueda de sentido. Yo sigo buscando mis propias respuestas, encontrando inspiración en los viajes que narran los clásicos.
Sergio-.
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