El andamiaje | ¿Qué ingredientes hacen de la tutorización la mejor forma de aprender? (I)
Entendiendo qué funciona para crear un tutor artificial
En 1976, los investigadores David Wood, Jerome Bruner y Gail Ross publicaron uno de los textos más influyentes en las ciencias del aprendizaje. Grabaron a niños de 3, 4 y 5 años construyendo una pirámide de madera con el apoyo de una tutora. En las grabaciones, observaron que el apoyo del tutor permitía a los niños resolver problemas por encima de sus capacidades. Por su funcionamiento, lo llamaron andamiaje.
Los andamiajes son como los ruedines de la bici. Son apoyos que hacen de puente entre las habilidades actuales del aprendiz y un objetivo que las supera. Están adaptados a sus necesidades y, como los ruedines, se van retirando poco a poco hasta que llega un punto en el que dejan de ser necesarios y se eliminan. ¿Un par de ejemplos? Decir los pasos para llegar a la solución o, como acabo de hacer, incluir ejemplos para ilustrar una nueva idea.
Wood, Bruner y Ross identificaron las 6 funciones clave del andamiaje:
Reclutar: despertar el interés y canalizarlo para completar la tarea, desvelando las habilidades necesarias para completarla.
Reducir los grados de libertad: acotar la tarea al nivel del aprendiz.
Mantener la dirección: sostener la motivación hacia el objetivo final, sin caer en soluciones parciales.
Señalar aspectos cruciales: resaltar los elementos importantes y las diferencias entre los resultados conseguidos y el objetivo a conseguir.
Controlar la frustración: reducir el estrés del aprendiz sin generar dependencia.
Demostrar: mostrar versiones mejoradas de los intentos del aprendiz. Es importante que el aprendiz los pueda reconocer e imitar, por eso es buena idea partir de su intento para crear la demostración.
Cuando se publicó el estudio, en Occidente se habían popularizado las ideas de un psicólogo soviético que pasaría a ser conocido como el Mozart de la psicología. Lev Vygotsky veía el aprendizaje como el fruto de la cooperación entre personas. El concepto que le llevó a la fama fue la zona de desarrollo próximo. Vygotsky la definió como la distancia entre lo que una persona es capaz de aprender por su cuenta y lo que puede aprender con la ayuda de otras personas. El andamiaje encajaba como anillo al dedo.
Dos años después del estudio, Wood decidió comprobar la teoría del andamiaje y, junto a otros dos investigadores, publicó un nuevo estudio poniendo a prueba la regla de contingencia (ahora te explico qué es). En este estudio, dividió a los niños en cuatro grupos y asignó a la tutora una estrategia por grupo. En el primero, la estrategia fue demostrar: la instructora construyó la pirámide mientras el niño miraba. En el segundo, la estrategia fue verbal: la instructora dijo a cada niño los pasos a seguir y le animó a hacerlo. En el tercero, la estrategia fue alternar: la instructora pasaba de animar verbalmente a demostrar cómo hacerlo. En el último, la estrategia fue seguir la regla de contingencia: si el niño tiene éxito, el tutor reduce el apoyo; si el niño fracasa, el tutor lo aumenta.
El grupo en el que la tutora siguió la regla de contingencia consiguió más ensamblajes correctos que los otros tres grupos juntos. También fue en el que los aprendices hicieron más intentos. La conclusión parece clara: el andamiaje funciona y la regla de contingencia también. ¿O no?
Cómo crear andamiajes que funcionan
Sabemos que la tutorización es la forma más efectiva de aprender, pero el coste es inasumible para la gran mayoría. Voy a construir una versión de los modelos de inteligencia artificial que esté orientada al aprendizaje. Antes de lanzarme a crear, estoy investigando qué ingredientes hacen de la tutorización la mejor forma de aprender para ver cuáles podemos delegar en la máquina. Así es como he terminado en el andamiaje.
La interfaz de los modelos de inteligencia artificial como ChatGPT, Claude, Gemini o NotebookLM es un chat creado para devolver resultados satisfactorios y completos. Esto no solo no beneficia al aprendizaje sino que lo dificulta. ¿Por qué? Porque alimenta la ilusión de conocimiento: crees que aprendes lo que pides cuando lo único que mejoras es la forma de pedirlo.
Para aprender, lo importante no es la explicación.
Lo importante es el proceso y el esfuerzo de crearla.
Te cuento esto porque necesitaré a primeros usuarios con criterio, personas que prueben las primeras versiones y cuyas aportaciones terminen dando forma al producto final. Quiero que los primeros sean de Aprendizaje infinito. Los miembros de Viaje tendrán prioridad y, por supuesto, habrá condiciones especiales. Si estás interesado, responde a este correo o escríbeme a sergio@aprendizajeinfinito.com
Y también te lo cuento porque aunque el andamiaje es una idea fácil de entender y la regla de contingencia es simple, no es tan sencillo como parece. Para empezar, en los dos estudios que hemos explorado participaron solo 30 y 32 niños. Con muestras tan pequeñas no se pueden edificar teorías sólidas ni sacar conclusiones fiables. De hecho, un intento de replicar los resultados del segundo estudio con un grupo de 285 niños ha fallado1.
Por si esto fuera poco, cuando intentas bajar el andamiaje a tierra aparecen nuevas preguntas. ¿Qué es un fracaso? El error, una dificultad no superada o un nuevo intento no son fracasos, son ingredientes necesarios que posibilitan aprender. ¿Qué es ayudar? El niño quiere completar la tarea lo antes posible, pero un buen tutor debe priorizar su futura independencia. Y para rematar, está el timing. ¿Cuándo intervenir? ¿Cuándo no? ¿Cuándo la dificultad es necesaria y cuándo solo frustra? ¿Cuándo dar al aprendiz lo que quiere y cuándo actuar contra sus deseos cortoplacistas?
Todos estos retos no invalidan el andamiaje, solo nos recuerdan que un fenómeno complejo y dinámico como el aprendizaje humano no puede contenerse en recetas mecánicas.
El aprendizaje se esconde en los detalles.
Sergio-.
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He caído en esta madriguera gracias a este artículo del investigador Carl Hendrick.




Me parece clave cómo rescatas el valor del andamiaje como metáfora funcional, y también su complejidad al ponerlo en práctica. Especialmente en lo que respecta al dilema entre apoyar y no interferir, ese timing casi clínico que diferencia la ayuda que impulsa de la que parece que solo invalida.
Desde mi campo, echo en falta eso que tú señalas al final: más estudios con rigor metodológico, muestras amplias y control de sesgos. Porque aunque la idea sea seductora, si no afinamos en qué entendemos por “fracaso”, “apoyo” o “zona de desarrollo”, podemos convertir una buena hipótesis en un dogma que termina siendo mal aplicado.
Y coincido en que la ilusión de comprensión es un potencial enemigo, más aún si el tutor es un modelo predictivo diseñado para satisfacer
La tutorización es una idea que me llama mucho la atención, de hecho, una de las cosas que más me impulsa a aprender es pasar esos aprendizajes a mi hijo. Es un poco extraño que la humanidad en general no priorice más el encontrar la forma más efectiva de enseñar, algo que tendría mucho ROI