Crea tu propia cartera de aprendizaje
Tu yo profesional como una empresa
Hasta ahora, en el mundo profesional se intercambiaba tiempo por dinero. Trabajas duro, acumulas experiencia, te vuelves más valioso porque sabes y haces más, y subes hasta donde tu ambición, tu talento, tu trabajo y tus jefes te permiten. Pero el mundo profesional está cambiando poco a poco. Hasta que cambie de golpe.
Joaquín Mencía, en una serie titulada El sistema personal operativo de la siguiente década, propone pensar en tu yo profesional como en una empresa. Tienes activos: habilidades, relaciones, conocimiento, reputación, energía o credibilidad. Tienes pasivos: compromisos que te roban energía a cambio de nada, relaciones que mantienes por obligación o habilidades en las que sigues invirtiendo porque siempre lo has hecho. Y tienes un reto de asignación de capital: decidir dónde colocas tus limitados recursos.
Internet eliminó la escasez de información y la inteligencia artificial está eliminando la escasez de ejecución. Por eso, cómo asignas el capital de tu empresa es la habilidad que marca la diferencia. Y, te guste o no, la acelerada vida del siglo XXI nos obliga a invertir continuamente y a gestionarnos a nosotros mismos. La mayoría lo hacemos por defecto, de forma intuitiva. Joaquín intenta con esta serie que lo hagamos de forma deliberada.
Una advertencia: las ideas de este post están orientadas a tu yo profesional. Verte a ti mismo solo como una empresa es una prisión, porque aunque tu trabajo pueda ser una parte importante de tu vida, ser humano significa mucho más. Por eso, no deberías tratar toda tu vida como una empresa, ni tus findes como activos infravalorados, ni exigir grandes retornos a una novela, ni evaluar a tus amistades por sus contactos. Puedes seguir yendo a jugar al fútbol los domingos.
Crea tu propia cartera de aprendizaje
Elegir qué aprender es el primer reto del eterno aprendiz. Dediqué un tercio del libro a compartir preguntas e ideas que ayudaran con la decisión. Joaquín plantea y resuelve el reto de forma elegante.
Aprender es invertir en tu activo más importante: tu forma de ver y pensar el mundo que te rodea. Las alternativas son infinitas; tus recursos (tu tiempo, tu energía, tu atención), escasos. Por eso aprender se parece a asignar capital.
¿Qué ventajas cognitivas puedes desarrollar en un mundo donde la inteligencia artificial abunda? La respuesta a esta pregunta te permite construir tu propia cartera de aprendizajes. Esta cartera da estructura y añade disciplina a tu curiosidad. Joaquín propone tres categorías:
Principios atemporales (50%). Son aprendizajes que nunca caducan. Son los conocimientos que te permiten entender la naturaleza humana y el mundo que te rodea. La historia, la filosofía y las ciencias puras. Puede ser aburrido, pero genera retornos constantes.
Ventajas transitorias (30%). Son aprendizajes que importan ahora pero que seguramente caduquen en el futuro. Son los conocimientos que te permiten triunfar hoy en tu sector, como entender y aprender a usar la inteligencia artificial o saber navegar y sacar partido a la economía de la atención. Esta categoría está en constante actualización.
Apuestas rotativas (20%). Son aprendizajes que quizás importen mucho en el futuro. El objetivo de esta categoría no es acertar siempre; es tener un ojo en el futuro para, cuando llegue, estar mejor posicionado.
Construir tu propia cartera pasa por saber qué aprender y, lo más importante, saber qué ignorar. Los curiosos compulsivos actuamos añadiendo: más libros que leer, más podcasts que escuchar, más vídeos que ver, más newsletters que recibir, más cuentas que seguir...
La estrategia de quienes mejor asignan capital es la ignorancia estratégica: decidir no invertir ni una parte de tus escasos recursos en temas interesantes, porque invertirlos allí implica no invertirlos en mejores alternativas.
De nuevo, conviene asomarse a los límites del modelo. Perseguir tu curiosidad te permitirá descubrir activos intelectuales muy rentables y disfrutar de momentos que hacen que merezca la pena estar vivo. La estructura es para el 80% destinado a mejorar tu perfil profesional. El otro 20% es lo que te hace humano, la utilidad de lo inútil, hacer cosas por el propio hecho de hacerlas.
La estructura no te limita, te da forma. Porque elegir deliberadamente qué aprender y qué ignorar es elegir tu identidad. Y en un mundo donde la inteligencia artificial es accesible para cualquiera, la estructura específica de tus aprendizajes es tu ventaja.
Estructura tu aprendizaje como una cartera. Asigna tu escasa atención como capital. Y ten la disciplina para ignorar la mayoría y dirigir tu curiosidad a lo poco que te dará ventaja.
Sergio-.
Si quieres profundizar te recomiendo la serie de Joaquín.
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Me gusta ese enfoque de Cartera de Aprendizaje. Esa diversificación es como una inversión, diría lo mismo, un 50%, 30% y un 20% rotatorio. Muy buen post!
Esto debería estar grabado a fuego en la entrada de casa...
"Estructura tu aprendizaje como una cartera. Asigna tu escasa atención como capital. Y ten la disciplina para ignorar la mayoría y dirigir tu curiosidad a lo poco que te dará ventaja."