En 1997 El Individuo Soberano intentó profetizar los grandes cambios que hoy vivimos.
William Rees-Mogg y James Dale Davidson intuyeron que viviríamos las consecuencias de una gran transición. Una transición tan importante como lo fue pasar de la era de la caza y la recolección a la era de la agricultura, o como pasar de la era de la agricultura a la era industrial. La transición de la era industrial a la era de la información.
El libro se hizo conocido porque anticipó, doce años antes del primer bloque de Bitcoin, la aparición de un dinero digital descentralizado.
«El inicio del cibercomercio conducirá inevitablemente al ciberdinero. Esta nueva forma de dinero cambiará las oportunidades, reduciendo la capacidad de los Estados-nación del mundo para determinar quién se convierte en un individuo soberano. Una parte crucial de este cambio se producirá gracias a que la tecnología de la información permitirá a los titulares de la riqueza librarse de la expropiación a través de la inflación. Pronto, se pagará casi cualquier transacción a través de la Red o de la World Wide Web al instante, utilizando ciberdinero.
(...)
El control del dinero pasará de las salas del poder político al mercado global. Cualquier individuo o empresa con acceso al ciberespacio podrá salir fácilmente a cambiar cualquier moneda que parezca estar en peligro de depreciación.»
Peter Thiel aumentó la leyenda del libro cuando en una entrevista lo eligió como uno de los que más le influyeron. Los bitcoiners, deseosos como cualquier ser humano de una narrativa coherente y autocomplaciente, lo adoptaron como su sagrada escritura. «¿El mundo se cae a cachos y en este oscuro libro están las respuestas para pertenecer a la élite? Lo compro».
Hay quienes ven en Unabomber un ejemplo de individuo soberano. La narrativa romántica de una vida independiente en la naturaleza es para algunos demasiado atractiva. Confunden soberanía con autosuficiencia. Romantizan a un terrorista que vivía en el bosque con el dinero de sus padres. A ellos los invitaría a irse sin hacer demasiado ruido y, si tampoco es mucho pedir, sin mandar bombas por correo.
Lo más interesante de El Individuo Soberano lo he encontrado fuera de sus páginas, leyendo y hablando con una de las personas que más horas ha dedicado al libro (luego te cuento quién es). Hablo de la idea de que las personas estamos recuperando el control sobre nuestras propias vidas porque hemos creado instituciones que nos permiten cooperar entre nosotros sin depender de intermediarios. Esas instituciones alternativas, y esto sí lo deja caer el libro, reducirán las funciones del Estado y su poder coercitivo para recaudar impuestos. Aunque todavía no ha ocurrido y, desde que se escribió el libro, los Estados no han parado de crecer. Pero podría ocurrir que viviéramos su final.
Merece la pena pararse en las instituciones. Si acudimos a Nick Szabo, una institución es «una relación o una actividad compartida en la que participan repetidamente varias personas y que se caracteriza por costumbres, normas u otros elementos que limitan o motivan los comportamientos de los participantes». Una mejor explicación, que voy a robarle a la misma persona que me descubrió la idea: una institución es un conjunto de reglas y protocolos con conocimiento embebido. El euro es una institución. La Constitución es una institución. El sistema educativo es una institución. Las redes sociales son una institución. Las mejores instituciones, como la ciencia, compensan nuestras limitaciones y frenan nuestros vicios.
Durante la mayor parte de la historia nos hemos tenido que conformar con instituciones controladas por intermediarios. Intermediarios como los partidos políticos, los bancos y los medios de comunicación. Intermediarios que tienen intereses propios que rara vez están alineados con los nuestros. Como solo ellos pueden cambiar los incentivos y no tienen incentivos para cambiarlos, todo sigue igual. Y como no había opciones, tocaba pasar por el aro. Hasta que aparecen instituciones alternativas que nos permiten alinear incentivos sin depender de esos intermediarios. Esas instituciones nos permiten recuperar nuestra soberanía.
Volvamos al euro. Tú, como ahorrador, quieres una moneda fuerte que mantenga su valor a lo largo del tiempo. En cambio, el Estado quiere una moneda que pueda seguir depreciando para refinanciar una y otra vez la enorme deuda pública. Y entonces aparece una institución alternativa como Bitcoin: un activo que no depende de los caprichos de un gran Estado y que puede estar fuera de su control. Bitcoin te permite cooperar con otra persona sin bancos ni Estados de por medio.
La misma lógica aplica a la información. Ya no dependes de la televisión controlada por el gobierno ni de las grandes plataformas optimizadas para ordeñar tu atención. Ahora puedes ignorar las noticias (o recibir en tu correo el informativo del periodista más honesto y menos dañino que conozcas). Puedes salir del scroll infinito y crear tu propia dieta de información. Una lista de podcasts. Una serie de artículos. Un conjunto de newsletters. Tu propia biblioteca.
Puedes hasta montar un club de lectura sobre la atención con un plan de aprendizaje. O puedes unirte a uno que ya está creado.
Sergio-.
Nueva conversación en el podcast
La persona de la reflexión es Adolfo Contreras, más conocido en redes como Muloko. Es, como la mayoría de la gente interesante, difícil de definir. Yo le presentaría como un aprendiz que ha convertido sus intereses personales en una carrera profesional, un curioso que lanza sus conjeturas al mundo en uno de los substacks más originales y refrescantes en castellano.
He tenido la suerte de hablar con él durante casi dos horas sobre su peculiar método de aprendizaje, las ideas de El Individuo Soberano, el proyecto de traer este libro al castellano, las instituciones, la importancia de los libros para aprender y qué tres rescataría si Occidente colapsa.
Puedes escuchar la conversación en el último episodio del podcast.
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Esta semana en Viaje
Viaje es el club de lectura con esteroides para dominar tu atención.
Ahora mismo estamos en el primer bloque del plan de aprendizaje, leyendo Cómo leer un libro, de Mortimer Adler: un libro que nos está preparando para aprender todo lo que los libros pueden enseñarnos.
El domingo pasado entendimos qué significa leer cuando nuestro objetivo es aprender, conocimos los cuatro niveles de lectura y aprendimos a sacar el máximo partido de un libro en poco tiempo. Con un ejercicio guiado para practicar el segundo nivel de lectura.
Este domingo aprenderemos a descubrir sobre qué va un libro y cómo interpretar su contenido a través de ocho reglas.
Por votación popular, además del jueves 8 de octubre, nos juntaremos el martes 6 de octubre a las 18:30, para intercambiar ideas, compartir nuestros progresos y conocer nuevas perspectivas. Tienes los nuevos links en el calendario.


