Hay demasiados textos interesantes y demasiado poco tiempo para leerlos. Si tú también eres de los que se resisten a aceptar la derrota, te habrás hecho esta pregunta: ¿y si existiera una forma de leer más rápido sin perderte nada?
El auge de la lectura rápida
Si hablamos de lectura rápida, tenemos que empezar por Evelyn Wood.
En una época en la que todavía hacía falta leer libros para pasar de curso, Evelyn observó que muchos de sus estudiantes tenían problemas de velocidad y comprensión. Durante sus años en la universidad, también conoció a algunas personas capaces de leer miles de palabras por minuto, como su director de tesis, el doctor Lowell Lees. Decidió estudiar sus hábitos de lectura porque, además de leer mucho más rápido que el resto de los mortales, entendían mejor lo que habían leído.
¿Podían sus estudiantes leer más rápido y mejor?
Evelyn creó su propio método para leer más rápido y, a la vez, aumentar la comprensión. Después de ponerlo a prueba con sus estudiantes, lo lanzó al mundo.
Eran los años sesenta y la lectura rápida se estaba expandiendo como un virus. El presidente estadounidense John F. Kennedy presumía de leer más de mil palabras por minuto. Los medios de comunicación advertían que si no aprendías a leer más rápido, te quedarías sin trabajo. Evelyn era una de las profetas de esta habilidad y tenía los ingredientes para surfear la ola. Tenía un nombre profesional: el Instituto de Dinámicas de Lectura de Evelyn Wood. Tenía una promesa grandilocuente: triplica tu velocidad de lectura sin perder comprensión. Y tenía clientes prestigiosos, como el presidente Jimmy Carter, el astronauta John Glenn o la reina Ingrid de Dinamarca.
Sesenta años después, seguimos buscando los mismos atajos.
Como el sistema premia la captura de atención, aparecen personas dispuestas a hacer caja diciendo lo que queremos escuchar. En el campo de la lectura rápida, una nueva generación de gurús repite las técnicas de Evelyn.
¿En qué consiste esto de la lectura rápida?
Después de investigar el curso de Evelyn y de ver algunos vídeos de estos gurús modernos, podría resumir los objetivos de la lectura rápida en tres: (1) suprimir la voz interior mientras lees, (2) eliminar la relectura y (3) captar más información con cada vistazo. Estos objetivos se logran con prácticas específicas: utilizar un marcador visual como un dedo o un lápiz, empezar cada línea desde la segunda o tercera palabra en lugar de desde la primera, ir demasiado rápido como para pronunciar mentalmente las palabras o deslizar los ojos de arriba abajo y no de izquierda a derecha. ¿Funcionan estas técnicas? Para responder, primero hay que hacerse otra pregunta.
¿Para qué quieres leer más rápido?
Leer para disfrutar y aprender
Alejandro Dolina resume muy bien el acercamiento de la mayoría a la lectura: «La gente no quiere leer, sino haber leído». Para quien busca haber terminado el libro, estas técnicas de lectura rápida son muy útiles; pero para quien quiere aprender y disfrutar, no son de mucha ayuda. Porque lo que limita tu velocidad no son tus ojos sino tu mente. El límite no es tu capacidad de ver las palabras sino tu capacidad para atender al texto y entenderlo.
El tiempo en el que tus ojos saltan de una palabra a otra, el tiempo en el que relees una frase que no has terminado de comprender o el tiempo en el que tu voz interior pronuncia las palabras y digiere las ideas son pérdidas para quien quiere haber leído. Pero para quien quiere aprender y disfrutar leyendo, son parte del proceso de lectura.
Las técnicas de lectura rápida sí que pueden tener utilidad para quienes queremos aprender de los libros. Hojear, que es en realidad lo que hacen esos lectores cuando afirman leer miles de palabras por minuto, sirve para hacerte una idea de qué va un texto y si merece la pena leerlo en profundidad. Mortimer Adler lo llama lectura inspeccional y la desgranamos en una de las últimas reflexiones de Viaje, con un ejercicio para ponerla en práctica. Al inspeccionar un libro, sacrificas gran parte de la comprensión para hacerte una idea general del texto.
Como a los libros hay que dedicarles el tiempo que se merecen, y algunos se merecen muy poco, saber inspeccionarlos puede ahorrarte muchos pufos. Eso sí, si hablamos de entender en profundidad un libro que merece tu atención, hojear no es suficiente y necesitarás otra forma de leer.
Existe una manera de aumentar la velocidad sin sacrificar la comprensión. Cuanto más lees, más fluidez alcanzas con el lenguaje y mejor preparado estás para entender el siguiente texto. Seguro que te pasa con el tema que más dominas. Cuando lees un texto que trata ideas con las que ya estás familiarizado, puedes ir mucho más rápido. Así que si quieres aprender de los libros más rápido sin sacrificar comprensión ni disfrute, deja de buscar atajos y lee más.
Sergio-.
También en formato vídeo:
Esta semana en Viaje
Viaje es un club de lectura con esteroides para dominar tu atención.
Ahora mismo estamos en el primer bloque del plan de aprendizaje, leyendo Cómo leer un libro, de Mortimer Adler: un libro que nos está preparando para aprender todo lo que los libros pueden enseñarnos.
El domingo pasado aprendimos a entender el tema y el contenido de un libro. Pusimos a prueba esta primera pata de la lectura analítica con uno de los textos principales de Simone Weil.
Y este domingo aprenderemos a incorporar tu voz en la lectura, con un ejercicio en el que dialogarás con las ideas de Weil.
Además, el martes 6 de octubre y el jueves 8 de octubre nos juntaremos para compartir nuestros progresos alrededor de este gran libro. Tienes los links en el calendario.



